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Algarrobo
carece de antecedentes escritos sobre su historia,
lo que si conocemos en una recopilación
realizada por el periodista Don Hernán
Rodríguez V. y publicada en el diario
La Segunda el 18 de Febrero de 1983, como lo
reafirma dicha crónica nos reafirma que
la historia de Algarrobo es quizá la
más antigua de los balnearios chilenos
y aunque no ha tenido cronistas que la relate,
las construcciones antiguas y el vivido recuerdo
de quienes la conocieron a principios del siglo,
testimonian su pasado centenario.
Los primeros antecedentes históricos
que se conocen son de la época en que
Algarrobo fué refugio de corsarios y
piratas, hasta aquí llegaron Francis
Drake, Ricardo Hawks, Tomas Cavendich, Jorge
Spilberger y Olivero Van Noow, por allá
en los años 1578.
En Febrero de 1854, la antigua caleta de Algarrobo
fué habilitada como puerto menor con
gran contento de sus habitantes y de los hacendados
vecinos de Casablanca y Melipilla. Desde ese
momento, el trigo pudo embarcarse a Perú
y California haciendo que una romería
de carretas cargadas con granos llenara las
bodegas y corredores. El destartalado caserío
en torno a la vieja capilla pronto dibujó
una calle larga bordeando el litoral con solidas
y sencillas construcciones de adobe y tejas.
Hacia el norte iba el camino al puerto por la
hacienda de San Jerónimo cruzando la
laguna y la quebrada de los clavelillos, al
sur la huella a San Antonio, y el de las bodegas
a través del fundo de las papas.
El camino a Santiago, capital de Chile, trepaba
por el cerro ubicado atrás. Las casas
empinadas en el cerro mostraban un perfil de
la costa; esta imagen está dibujada por
los oficiales del vapor Ancud en 1845.
El baño de los pozos de la playa del
pejerrey, la cabalgata a la quebrada de San
Jerónimo, esperar la llegada de los botes
en la caleta, el atardecer en la puntilla queriendo
ver la puesta de sol y adoración al oscurecer
en la vieja capilla, era el panorama de la juventud
de ese tiempo. |